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lunes, junio 21, 2010

Ventana al pasado

*NOTA: Esta entrada la escribí y la deje pendiente desde noviembre del 2009. La desempolvé, medio corregí y decidí publicarla en vista que ya  llevo como unos 8 meses sin escribir en estos lares. Pásele marchante.


Pues bien, algo hay seguro: con la Chicharina caminante y móvil mis cosas no están a salvo. Ya por lo pronto descubrió mis libreros y con ello, los pobres libros que tengo en los estantes de abajo. Estaba ella sacándolos felizmente uno por uno cuando caí en cuenta. Entre la masacre resultante encontré un libro de prepa al que se le había salido una hoja doblada de libreta. 

El tiempo se detuvo, la música instrumental fue en aumento y tuve una corazonada que se confirmó al voltear el papel. Se trataba del famoso papel cuadriculado con las opiniones que de mí tenían mis compañeros prepoides. OMLG.


Sentí nervios. A lo mejor releerlo sería contraproducente, pensé, pero tenía que hacerlo. Así que tomé aire así como cuando me tenía que poner yo solita las inyecciones diarias en el abdomen (¡yay embarazo difícil!), abrí la hoja y empecé.

La música en mi mente se vio interrumpida como cuando se saltaba la aguja en el tocadiscos. 

Vaya, qué liberador fue esto.

viernes, mayo 16, 2008

La película de miedo del viernes

A veces se nos queda en la mente alguna escena que nos impacta y el resto de la película se hace humo. Anoche, a ver si salía algo, busqué en google usando las palabras de la escena para ver si identificaba el título de esta obra que me tenía de niña durmiendo toda tapada porque daba miedo.

Se trata de "Don't Go to Sleep" o "No te duermas", película ochentera de fantasmas. Aunque los valores de producción ya muestren lo añejo del asunto, la verdad es que sigue manteniéndose como una película provocadora de ñáñaras. Sobre todo en las instancias que se asoman bajo la cama o el final.

Curiosamente me la encontré en YouTube (yay) con subtítulos en portugués, y me puse a verla de nuevo. Todavía no termino, pero quise compartir con ustedes la emoción.




¿Alguno de ustedes la había visto?

Por todo lo que dicen que en el pasado eran más conservadores, se me hace curioso que nuestros papás nos dejaran ver esto en la tele (a los 7 años). Me pregunto qué pasaría hoy, si la pasarían por las mañanas.

viernes, abril 18, 2008

Va por ti, Chicharito.

-Mañana-

Hace como 17 años que no voy al dentista. Permítanme que explique mi situación.

Mi familia era de clase media tendiendo a pobretonona. Nunca nos faltó nada, excepto todo lo que era considerado superfluo/lujoso (vacaciones, ropa nueva y no usada, modas, discos, salir a paseos, etc). En cuestiones médicas, debido a que mi mamá era (es) maestra, teníamos un servicio de clínica al que podíamos asistir y que hasta nos daban las medicinas gratis. Eso era bueno porque no había dinero suficiente para nada “exótico” o fuera de los servicios que pudieran proporcionar en el sindicato. En su mayor parte el servicio no estaba tan mal, uno iba por la mañana, sacaba una ficha y hacía fila hasta que lo atendían, que por lo general podía ser una hora o dos. Excepto cuando tenías algún padecimiento para especialista y entonces tenías que pedir ficha con un médico general y después que te refiriera con un especialista ir a anotarte en un diario y que te dieran una ficha fechada y zas, tenías que presentarte hasta que te tocara.

Pedir cita con el dentista era realmente tardado, podían pasar semanas y ahí tenías que vivir con el absceso o la caries pulsante, pero ni modo, si querías atención “gratuita” te tenías que aguantar.

¡Y qué atención la recibida! Cuando se me cariaba una muela, pasaba tanto tiempo en que me dieran cita que me acostumbré al dolor molar. Y el resultado siempre era el mismo, siempre el terroridentista determinaba que me sacaran la muela. Así perdí no una, ni dos, ni tres sino cuatro. Todo por la incompetencia del sistema médico sindical y la imposibilidad económica de mis padres. La única opción posible era sacarlas: no ofrecían endodoncias, ni empastes ni nada, sólo limpiezas y extracciones (de las dolorosas). Y mis papás pues ahí se estrujaron el corazón pero decidieron que se procediera, al fin y al cabo confiaron que de grande tendría el dinero para corregir lo que necesitara. Bujú

Si hubiéramos ido con un dentista de los de fuera, de los caritos, de los competentes, mi boca hubiera sido diferente, por lo pronto tendría más piezas dentales.

La última vez que fuimos con el troglodita de la clínica, fue en una cita en su consultorio de fuera, porque era periodo vacacional o estaban arreglando la oficina en la clínica, ya no recuerdo bien. No se acordaba de mí y al verme la boca me dijo algo así como “¿pero quién fue el salvaje que le hizo esto a tu boca?” No pude responder nada por todas los aparatejos que traía. Sólo alcancé a esbozar un arrrrrrrrrrrrrgh gutural y se me salieron las lágrimas del coraje.

El caso es que por eso le desarrollé aversión a ir con el dentista. Ni para limpiezas, ni llenado de caries, ni nada de eso. Fue mi pequeña rebelión imperfecta e irracional. Por poquito y me salgo con la mía si no fuera porque hace tres días empecé a sentir un dolor familiar: el dolor del diente cariado pero de verdad. Me duele la quijada y lo único que puedo tomar es paracetamol.

En esta ocasión no me puedo hacer pato: las estadísticas muestran que Chicharito tiene mayores posibilidades de nacer prematuro y con bajo peso si no me atiendo esto ahorita, a la de ya.

Así que ahí voy, con el miedo y la vergüenza entre las patas, con la pena de abrir mi monstruosidad de boca ante una extraña para ser juzgada por mi desidia, por mi pobreza y por mis cuatro muelas robadas.

-Noche-

Pues resulta que necesito una endodoncia. Tengo miedo: los dolores, los sabores, los sonidos, los recuerdos. Pero en fin, la dentista le pidió permiso a la gine para operar y zas, que todo está en regla porque ya estoy en el segundo trimestre. Se puede salvar el diente, yay. Hay que matar al nervio, bu. La próxima semana programamos la cita. Y la dentista me asegura que todo estará bien, ella también está embarazada, por lo que me siento en confianza casi desde el momento en que llego al lugar.

Y sí, me dijo que qué salvajada me hicieron de niña, que las muelas que me quitaron fueron las premolares, las que te salían cuando tenías 6 añitos. Que probablemente se hubieran podido salvar fácilmente. Buaaa.

:’(

miércoles, febrero 14, 2007

¡Feliz catorcedefebrero!

Aunque sea un invento de las tarjetas hallmark, algo tiene esta fecha que me afecta más que navidad. A lo mejor es el poder ñoño del amor, a lo mejor que se siente bonito que alguien piense en ti -más si es la persona en la que tú piensas- pero el catorcedefebrero se me hace especialón.

Cuando estudiaba la carrera, se acostumbraba que los diversos grupos estudiantiles pusieran a medio pasillo su stand con flores, monitos y detallitos que por un módico costo también entregaban en el salón del susodicho(a). Alguna vez los de la carrera pusimos uno en el que algunos se disfrazaron de diversos personajes literarios - cof cof Edith cof- y leíamos textos en los salones. Fue bonito leer poemas e interrumpir clases.
Pero el caso que la entrega de cosas siempre me dejó un sabor agridulce de boca. No importa lo mucho que dijera que no me importaba, cuando los mensajeros llegaban al salón me daba un cosquilleo agudo en el esternón, me sudaban las manos, esperando que fuera para mí, oh sí, por fin para mí. Y nunca me tocó.
Los regalos siempre me los dieron fuera de clases. No puedo dejar de pensar que alguna vez me hubiera gustado recibir algo en clase. Todos aplaudirían, habría música de fondo y probablemente también una coreografía grupal. Sería mágico. En la prepa va a haber venta de cositas. Pero no me toca ir hoy. Así que ni modo. Otro año será.

La foto que les puse arriba es una que encontré en Reuters. Se trata de dos esqueletos del Neolítico, encontrados en Italia y que además serán el regalo que los científicos le hagan al pueblo italiano este día. Se les desenterrará con cuidado para mantenerlos eternamente abrazados, expuestos al mundo en algún museo. A pesar de lo tierno que suena, mi mente cochambrosa piensa que a lo mejor no eran dos enamorados. A lo mejor fueron Atuk y Tork, abrazándose porque el frío glacial los rodeaba. Pero en fin. Se ve tieeeeeerno. Son esqueletos... pero tiernos. Awwww.

Qué se la pasen divertido hoy.


lunes, diciembre 11, 2006

Una navidad con Cthulu

Tiernorrífico: Dícese de un objeto que inspira ternura y terror a la vez. Por ejemplo, esta visión de Cthulu estilo Fisher Price.

¿Qué les gustaría recibir de navidad?
Por lo pronto, a mi me gustaría algo así, algo que saliera de lo convencional.

¿Qué les parece?

domingo, noviembre 12, 2006

Rumba, Samba, Mambo

¡Ah, Locomía!
¿Quién como tú para mover los abanicos?
¿Quién como tú para usar zapatos puntiagudos y hombreras anchas?

Sin ti, hay un vacío en la música actual. Para su disfrute, un recuerdo de épocas pasadas:


jueves, julio 28, 2005

Culpabilidad 1

Cuando era niña, asistía a la iglesia con mis abuelos. En ciertas ocasiones, visitábamos otros templos. Hubo toda una temporada, allá por cuando tenía como 9 o 10 años, en que íbamos a uno que todavía no tenía un espacio fijo por lo que los servicios dominicales se daban en una casa que se rentaba por la colonia del Valle (tipo, wy).
Esta iglesia tenía una clase infantil muy interesante debido a una maestra daba las clases con gusto. Recuerdo en particular una en donde Josué (¿era él? a lo mejor alucino) mató a un rey destajándolo y regando sus tripas con una espada de doble filo. Hasta nos hizo dibujar lo que entendíamos por doble filo. Esas eran las clases que me gustaban. En fin ya estoy divagando mucho.
Ella tenía una hija que estaba en el mismo grupo y se llamaba Gladys. Recuerdo que el nombre se me hacía muy exótico y refinado. En fin, Gladys resultaba ser una niña muy extrovertida, divertida y abierta a la cual admiraba mucho debido a la capacidad impresionante que tenía para relacionarse con otros. Todo lo contrario a mí, cuyos encuentros con otras personas siempre eran dolorosamente penosos. Buscaba juntarme con ella aunque realmente no era parte de su círculo de amistades, porque ella era del grupito popular.
Un domingo, me encontraba atrapada en la iglesia porque mis abuelos se habían quedado a la práctica de coro. Recuerdo que caminaba por los cuartos solitarios de la casa y llegué al que ocupaba la clase infantil. Encontré unos marcadores pero el pintarrón en donde escribíamos no estaba presente. Había una silla patas para arriba apoyada en otra y se me hizo fácil dibujar unas cuantas estrellas y cosas por el estilo ahí, en la parte blanca que no se ve cuando la silla está en su posición normal. Y así, dibujando, sin pensarlo escribí el nombre de Gladys para ver cómo se veía un nombre con y griega. Creo que en ese entonces no pensé que lo hice fuera vandalismo o que podría tener consecuencias desagradables si me encontraban. Estaba aburrida.
Solamente recuerdo que el domingo siguiente Gladys fue regañada injustamente por su mamá (no enfrente de la clase). No tuve el valor de decir nada. Lo único que recuerdo es que lloré mucho esa noche y dormí intranquila entre las pesadillas causadas por el terrible sentimiento que me embargaba.

miércoles, diciembre 29, 2004

Felices fiestas and to all a very good night

A todos mis mejores deseos, que sean felices y que tengan mucho amor.

No sé que tiene esta época del año que siempre termino sintiéndome sola. Puede ser debido a que con el paso del tiempo, cada reunión familiar sirve para recalcarme lo diferente que soy, algo así como un Waldo a la reversa: salto a la vista inmediatamente, no puedo confundirme con el entorno.

Quizá es la depresión de la temporada. Veo a mis hermanas (las casadas) y como funcionan en la familia y a veces les envidio como es que se mueven como peces en el agua. En cambio, no sé que decir y los silencios incómodos se vuelven cada vez mayores.

Es una ruptura, entre el pasado infantil y el presente yermo.
Voy a morir sola, a lo mejor rodeada por patos o chihuahueños.

O a lo mejor es síndrome pre menstrual. Porque de repente lloro con comerciales. Mejor voy por el chocolate y al rato veo como me siento al respecto.

¡Duh! ¡Maldita intolerancia a la lactosa!

Espero que a ustedes les vaya mucho mejor.


martes, noviembre 23, 2004

Alguna vez tomé lecciones de piano...

Dudo que a estas alturas mi tío recuerde las lecciones de piano que algún día me dio cuando era niña. Él estudiaba su carrera y para conseguir un poco de dinero daba clases privadas a niños con el piano que mis abuelitos tenían en su casa. Para nosotras -mis hermanas y yo- era todo un placer la posibilidad de aprender a tocar un instrumento que de otra manera nos estaba vedado debido a la naturaleza de las cosas (piano + niñas inquietas =ruido infernal para abuelitos que les gusta una casa calladita calladita). Así que esa hora de lección era el pase a tocar el piano sin restricciones, sin temor a regaño ni vergüenza.

Mi tío tenía unos libros muy bonitos con partituras llenas de animalitos, todos coloridos y llamativos. Me dejaba quitar la franela que cubría el teclado y empezaba a colocar mis dedos (pequeños, regordetes, torpes) en las teclas correctas. Siendo yo quien soy, inevitablemente terminaba equivocándome y estropeando el ritmo que las gallinitas/notas indicaban. Pero era la gloria el poder producir esas notas, era transportarme a otro lugar en donde mi vida no era cotidiana, era especial (tenía como seis años, tocar el piano era un ejercicio definitivamente exótico) y yo era feliz.

Creo que mi tío no era muy feliz porque a la larga empezó a desesperarse cada vez más con las lecciones que me daba. Recuerdo muy bien la última: empezó a respirar de manera enojada, se puso rojo rojo de los cachetes y apretó la quijada. Aprehensiva como soy, le pregunté que si estaba enojado, me contestó que no, pero va a ser muy difícil que toques el piano bien. No recuerdo si lloré o no, pero lo que recuerdo muy vividamente equivale a cuando uno adelanta la cinta VHS rápido y nos encontramos con otra escena.

Al otro día, cuando estaba otra niña -la cual si pagaba sus clases, recuerdo era morena- dándole al piano con sus errores y sus fallas de ritmo muy naturales de su edad, le dijo vas muy bien, que era cuestión de practicarlo muy duro. Tampoco recuerdo que hice después, pude haber llorado de nuevo o pude no hacerlo. Lo que sí recuerdo es que nunca volví a tomar una lección con él.

Dudo que a estas alturas mi tío recuerde las lecciones de piano que algún día me dio cuando era niña. Pero yo sí me acuerdo de que desde entonces ya no veía al piano de la sala de mis abuelos igual.

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(EDITADO PARA AGREGAR) Este fue uno de los momentos de ruptura, a la José Emilio Pacheco, en que comencé a ver el mundo desde un punto distinto y nuevo. No dudo que mi tío pudiera haber pasado por un mal día -algo que los adultos conocemos muy bien- y que por eso hubiera hecho su comentario irreflexivo. En fin, no le guardo rencor sino todo lo contrario. Ahora, desde otra perspectiva, entiendo que todos tenemos momentos así -y vaya que me pasa a mí con mis alumnos- pero a los ojos de una niña, es toda una revelación.

Ah, y los dedos siguieron pequeños, regordetes y torpes.