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miércoles, abril 15, 2009

Dulce Madeline

Cuando la Chicharina llegó antes de tiempo y tuve que salir del hospital y dejarla en su incubadora durante varias semanas, me sentí vacía al llegar a casa. Me habían extirpado el alma y me dejaron una heridota que sorpresivamente dolía menos que mi corazón.

Solamente me dejaban ver a Chicharina una vez al día, que constaba de máximo 15 minutos de visita por las reglas tiránicas del UCIN. Fue horrible. Quería quedarme ahí todo el tiempo.

Durante ese tiempo, me puse a buscar en línea comunidades o grupos de discusión para prematuros. Tenía tantas dudas, tantas ganas de encontrar a alguien más en nuestra situación. Y entonces me encontré los blogs de Mike y Heather Spohr. Ellos habían pasado por lo mismo un año antes que nosotros, por allá de noviembre del 2008, bueno, su caso fue más difícil, su nena Madeline Alice había nacido a las 29 semanas y sus pulmones estaban poco desarrollados. Cuando yo empecé a leerlos, su nena ya tenía ocho mesesotes y estaba con ellos desde hacía tiempo.

Su historia me dio ánimos y valor. Si ellos pudieron, con una nena que tenía más complicaciones que la Chicharina, yo tenía poco de qué quejarme. Y luego mi nena salió del hospital y seguí leyendo sus blogs.

A pesar de no conocerla, yo ví cómo esa nena fue creciendo y convirtiéndose en toda una niñita que caminaba, empezaba a hablar y hacía de monerías preciosas. Sus papás eran geniales al escribir sobre ella, no podías dejar de sentir amor por esa cosita linda, siempre tan sonriente y preciosa. No todo era miel sobre hojuelas, constantemente estaba recibiendo tratamientos para sus pulmones, no crecía mucho por todo el esfuerzo que su cuerpecito gastaba para estar respirando. Más de una vez estuvo en el hospital pero salía airosa porque era poderosota y hermosa.

Y la semana pasada, al mismo tiempo que Chicharina entró al hospital para su intervención, Maddie era llevada en ambulancia porque estaba teniendo dificultades para respirar. Cuando estaba yo en la sala de espera para cirugía, pensé en cómo le estaría yendo y deseé de todo corazón que se recuperara pronto.

Al día siguiente, ya que dieron de alta a Chicharina, al llegar a casa me puse a leer mensajes y noticias atrasadas y me encontré con que Madeline había fallecido la noche anterior. Lloré a mares y grité y me fui a abrazar a mijita preciosa del miedo y el dolor que sentí por la pérdida de una niña que nunca vi en persona pero que se convirtió en alguien querido. No fui la única, cientos de personas se volcaron con condolencias y apoyo para la familia. Es increíble lo mucho que impactó la vida de esta pequeñita.

Hoy fue su funeral y sigo sin creerlo. Sus papás prepararon textos que leyeron en honor de su hija y un video en recuerdo de ella. Fue duro ver todo esto. No pude parar de llorar.

Gracias Maddie, porque tu fuerza de vida y tus ánimos y tus sonrisas me animaron cuando estaba toda triste porque Chicharina no estaba conmigo. Cuando Chicharina vio tu video, te sonrió en varias ocasiones y empezó a balbucear de felicidad. Tal era el poder de tu sonrisa, hermosa. Descansa en paz, dulce Madeline.



The Tribute to Our Madeline from Mike and Heather on Vimeo.

viernes, abril 18, 2008

Va por ti, Chicharito.

-Mañana-

Hace como 17 años que no voy al dentista. Permítanme que explique mi situación.

Mi familia era de clase media tendiendo a pobretonona. Nunca nos faltó nada, excepto todo lo que era considerado superfluo/lujoso (vacaciones, ropa nueva y no usada, modas, discos, salir a paseos, etc). En cuestiones médicas, debido a que mi mamá era (es) maestra, teníamos un servicio de clínica al que podíamos asistir y que hasta nos daban las medicinas gratis. Eso era bueno porque no había dinero suficiente para nada “exótico” o fuera de los servicios que pudieran proporcionar en el sindicato. En su mayor parte el servicio no estaba tan mal, uno iba por la mañana, sacaba una ficha y hacía fila hasta que lo atendían, que por lo general podía ser una hora o dos. Excepto cuando tenías algún padecimiento para especialista y entonces tenías que pedir ficha con un médico general y después que te refiriera con un especialista ir a anotarte en un diario y que te dieran una ficha fechada y zas, tenías que presentarte hasta que te tocara.

Pedir cita con el dentista era realmente tardado, podían pasar semanas y ahí tenías que vivir con el absceso o la caries pulsante, pero ni modo, si querías atención “gratuita” te tenías que aguantar.

¡Y qué atención la recibida! Cuando se me cariaba una muela, pasaba tanto tiempo en que me dieran cita que me acostumbré al dolor molar. Y el resultado siempre era el mismo, siempre el terroridentista determinaba que me sacaran la muela. Así perdí no una, ni dos, ni tres sino cuatro. Todo por la incompetencia del sistema médico sindical y la imposibilidad económica de mis padres. La única opción posible era sacarlas: no ofrecían endodoncias, ni empastes ni nada, sólo limpiezas y extracciones (de las dolorosas). Y mis papás pues ahí se estrujaron el corazón pero decidieron que se procediera, al fin y al cabo confiaron que de grande tendría el dinero para corregir lo que necesitara. Bujú

Si hubiéramos ido con un dentista de los de fuera, de los caritos, de los competentes, mi boca hubiera sido diferente, por lo pronto tendría más piezas dentales.

La última vez que fuimos con el troglodita de la clínica, fue en una cita en su consultorio de fuera, porque era periodo vacacional o estaban arreglando la oficina en la clínica, ya no recuerdo bien. No se acordaba de mí y al verme la boca me dijo algo así como “¿pero quién fue el salvaje que le hizo esto a tu boca?” No pude responder nada por todas los aparatejos que traía. Sólo alcancé a esbozar un arrrrrrrrrrrrrgh gutural y se me salieron las lágrimas del coraje.

El caso es que por eso le desarrollé aversión a ir con el dentista. Ni para limpiezas, ni llenado de caries, ni nada de eso. Fue mi pequeña rebelión imperfecta e irracional. Por poquito y me salgo con la mía si no fuera porque hace tres días empecé a sentir un dolor familiar: el dolor del diente cariado pero de verdad. Me duele la quijada y lo único que puedo tomar es paracetamol.

En esta ocasión no me puedo hacer pato: las estadísticas muestran que Chicharito tiene mayores posibilidades de nacer prematuro y con bajo peso si no me atiendo esto ahorita, a la de ya.

Así que ahí voy, con el miedo y la vergüenza entre las patas, con la pena de abrir mi monstruosidad de boca ante una extraña para ser juzgada por mi desidia, por mi pobreza y por mis cuatro muelas robadas.

-Noche-

Pues resulta que necesito una endodoncia. Tengo miedo: los dolores, los sabores, los sonidos, los recuerdos. Pero en fin, la dentista le pidió permiso a la gine para operar y zas, que todo está en regla porque ya estoy en el segundo trimestre. Se puede salvar el diente, yay. Hay que matar al nervio, bu. La próxima semana programamos la cita. Y la dentista me asegura que todo estará bien, ella también está embarazada, por lo que me siento en confianza casi desde el momento en que llego al lugar.

Y sí, me dijo que qué salvajada me hicieron de niña, que las muelas que me quitaron fueron las premolares, las que te salían cuando tenías 6 añitos. Que probablemente se hubieran podido salvar fácilmente. Buaaa.

:’(

lunes, agosto 13, 2007

En las nubes...

... se encuentra la familia de mi hermana. Flotando en algún pajarote metálico, de camino a Canadá. Ayer se ocupó durante la tarde y ya no pude verla, así que el adiós fue el sábado. Extraño a mis sobrinos, extraño a mi hermana. Y eso que apenas se fueron hoy en la mañana.

.... Me dio de golpe el sentimiento, ahorita en la casa, cuando llegué del trabajo. Me faltó despedirme, me faltó tiempo, me faltaron abrazos y cosas así. Y la verdad es que todo es mi culpa. No sé por qué traumas o bajo qué mecanismo, me hago cangrejito y me escondo y me alejo.

Pero no es por falta de amor o de interés.
Y ahora la distancia está de por medio.
Siento que me duele el pecho, se siente un poco vacío.