Creo que parte de la razón por la que no había estado escribiendo tanto en el blog, era que me daba un poco de cosa el no comentar a los cuatro vientos aquello que me tenía obsesionada. Pues bien, me valió, ya no puedo quedarme callada.
Aproximadamente el 23 de enero nos enteramos que estaba esperando. Debido a mis poderes mutantes que me hacen tener síntomas a la semana y cachito de concebir, tuve que esperar mucho tiempo para poder estar segura (que si no se implanta, si se implanta bien, si hay bebé, si crece, si hay latido, si no lo hay, si la placenta, si baja la bolsa de valores, etc, etc). No es la primera vez que he pasado por este tipo de incertidumbre. En el 2006, tristemente la incertidumbre no se resolvió a mi favor y mi embarazo terminó antes de tiempo. Todavía el miedo reside en mí.
Los que me conocen saben que soy obsesiva y aprehensiva (grita Michel: ¡y drama queen!) a veces con pocas razones. Pero ahora que cargo con los sentimientos de la pérdida previa, he llorado mucho, he pasado noches sin dormir. No quise anunciar luego luego que estaba esperando porque quería dejar pasar tiempo para ver si funcionaba primero. Esperar a los tres meses y anunciarlo. Pero la verdad es que después de hoy, de ver lo que ustedes verán más adelante, no me puedo contener.
Llevo diez semanas. Es poco, estoy llegado a los dos meses y medio. Hoy fui a un examen de rutina y me tocó ver de nuevo a Chicharito (es su nombre transitorio): mide de 3.5 a 4 cms. Es una mirrunga de las mirrungas. Sin embargo, en su mirrunguez, no esperaba verlo moverse, ver sus manitas y sus piernitas bailando a ritmo de latidos.
Mi Chicharito.
Y si ya no lo tuviera conmigo, me gustaría por lo menos haber disfrutado de una época en la que celebré su existencia al compartirla con mis seres queridos. Es tanto el amor que siento que no puedo quedarme callada.
Con ustedes, mi pequeño trompo bailador. Si todo sale bien, su fecha aproximada de arribo será el 28 de septiembre. Ya los quiere conocer.
Aproximadamente el 23 de enero nos enteramos que estaba esperando. Debido a mis poderes mutantes que me hacen tener síntomas a la semana y cachito de concebir, tuve que esperar mucho tiempo para poder estar segura (que si no se implanta, si se implanta bien, si hay bebé, si crece, si hay latido, si no lo hay, si la placenta, si baja la bolsa de valores, etc, etc). No es la primera vez que he pasado por este tipo de incertidumbre. En el 2006, tristemente la incertidumbre no se resolvió a mi favor y mi embarazo terminó antes de tiempo. Todavía el miedo reside en mí.
Los que me conocen saben que soy obsesiva y aprehensiva (grita Michel: ¡y drama queen!) a veces con pocas razones. Pero ahora que cargo con los sentimientos de la pérdida previa, he llorado mucho, he pasado noches sin dormir. No quise anunciar luego luego que estaba esperando porque quería dejar pasar tiempo para ver si funcionaba primero. Esperar a los tres meses y anunciarlo. Pero la verdad es que después de hoy, de ver lo que ustedes verán más adelante, no me puedo contener.
Llevo diez semanas. Es poco, estoy llegado a los dos meses y medio. Hoy fui a un examen de rutina y me tocó ver de nuevo a Chicharito (es su nombre transitorio): mide de 3.5 a 4 cms. Es una mirrunga de las mirrungas. Sin embargo, en su mirrunguez, no esperaba verlo moverse, ver sus manitas y sus piernitas bailando a ritmo de latidos.
Mi Chicharito.
Y si ya no lo tuviera conmigo, me gustaría por lo menos haber disfrutado de una época en la que celebré su existencia al compartirla con mis seres queridos. Es tanto el amor que siento que no puedo quedarme callada.
Con ustedes, mi pequeño trompo bailador. Si todo sale bien, su fecha aproximada de arribo será el 28 de septiembre. Ya los quiere conocer.