Vieja moralidad  

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A pesar de tomar prestado el nombre de un cuento de Carlos Fuentes, en esta entrada no encontrarán historias de tías durmiendo con sobrinos pubescentes, no. Me gustó el título porque le queda al dilema en el que realmente no me encuentro pero que me ha hecho pensar en lo que vamos cambiando con el tiempo. Empiezo mi relato pues.

Resulta que tengo una prima, Mengana, que acaba de cumplir 15 años y está estudiando -según ella- segundo semestre de prepa. En esta navidad pasada se vio envuelta en una disputa con sus papás debido a que en el festejo de navidad de la iglesia, ella se estaba besuqueando con un chaval en las afueras (oscuras) mientras los demás estaban celebrando el cumpleaños de Santa Clós. El güerquete en cuestión tiene 18 años, mayor de edad. Escándalo.

Tendrían que imaginárselo desde la perspectiva bautista, donde hay mucha represión en la iglesia y por lo general todos se portan bien en el templo (en serio, de verdá), de hecho el ambiente es muy familiar ahí. Me asombró que Mengana se atreviera a andarse fajando en la iglesia, sin temor a apedreamientos o cuestiones así. Pero en fin, Dios lo ve todo y al parecer le fue con el chisme a mis tíos.

Le requeterecontraprohibieron que tuviera novio y más aún, alguien que le llevaba por lo menos la mayoría de edad. Pero como todos sabemos, el impulso adolescente florece ante las prohibiciones y ni tarda ni perezosa, la muy mensoida terminó por proclamar en Facebook el cambio de estatus de "Single" a "In a relationship" con el susodicho. Sí, Mengana evidenció su idiotez (espero que pasajera) ya que si buscaba llevar novio a escondidas, Facebook se encargó de proclamarlo solícitamente a sus primas y tías.

Y he aquí donde entra en juego el título de la entrada, en mi vieja moralidad. La verdad es que yo me vi un poco en su situación cuando anduve con Fitzo a escondidas de mi papá en la prepa y parte de la carrera (no me prohibieron, simplemente no pedí permiso, ajem). Y se me hizo bastante injusto que no considerara mi derecho a desarrollarme y tener pareja. Pero en fin, mi mamá sabía, mi abuelita sabía, mis hermanas sabían, uno que otro tío sabían y a final de cuentas empezamos a andar cuando teníamos 17, ambos los dos.

Pero me sorprendo a mí misma al ver la situación desde otro lado. La verdad es que Mengana está tan niña -y tan mensa- que me preocupa se vaya a meter en los problemas que me auguraron cuando estaba de novia yo. Y la verdad es que ver las cosas desde esta perspectiva me trauma más que aquélla haya puesto en evidencia su "vida secreta" en Facebook con todo y mensajes incriminatorios en los wallpapers de los dos.

Me quedo pensando, una parte de mí desearía hablar con mi tía y comentarle. Otra parte desea hablar con Mengana y aconsejarla. Otra dice que solita se debe dar de topes y aprender. A final de cuentas, no es necesario hacer algo cuando están las otras representantes familiares para tomar parte en la tragedia griega que de seguro de avecina.

Pero en realidad, la segunda opción es la más viable ¿Cómo va a aprender Mengana si no cae presa ante su propia estupidez primeriza? ¿Cómo no aprender a ser adulto si no sabes lidiar con que te rompan el corazón o que luches con tus padres para definirte como individuo? Oh well, a lo mejor lo único que tengo que decirle es que se cuide, sea lo que sea que vaya a hacer.

(Claro, le digo eso, y la apedreada sería yo)

Me pregunto si así me veían cuando tenía 17 y andaba con mi drama amoroso existencial. Me da un poco de nostalgia pensar qué tan seria era la vida en ese entonces, y como ahora la veo en otra proporción, como si fuera una bicicleta con esas rueditas que le ponen para ayudarte con el balanceo. Pero lo que me trauma es que antes no me daba cuenta de las rueditas y ahora las veo tan claramente.





Una silla... interesante...  

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Será acaso que tengo muchas ganas (y no puedo porque me regaña la dra. :'( ) pero de plano esta silla solamente me hizo pensar en cuestiones pecaminosas:


¡Qué pena!

Para todos aquellos menores de edad, las cuestiones pecaminosas consisten en jugar con el aro hula a dar vueltas. Sí... eso...

*Blush*

vía Jezebel

Gesto desinteresado  

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Cada vez que me desvelo por las noches debido a la preocupación que me causa el destino de la humanidad, es que surge alguna historia como ésta, que me inspiran a seguir.

Es loable la labor de los vecinos del norte de la ciudad que lograron evitar un desastre ecológico después de un accidente vial que se dio esta mañana. Aún a costa de sus vidas, ellos cooperaron desinteresadamente con el municipio al ayudar a limpiar el derrame que se dio cuando un camión se volcó después de un choque.

A continuación, un noble vecino explica su altruismo en un video que me encontré en el sitio Regioblogs:



Snif snif.


Y que empieza el 2008...  

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...y yo sin escribir en el blog.

La verdad esto de las vacaciones lo estaba tomando muy en serio. Han sido reparadoras y confortantes. En las fiestas, anduvimos de pelotitas de ping pong rebotando entre Michael German City y la ciudá, tratando de cumplir con las dos familias. Es cansado, pero mientras se pueda hacer vale la pena.

Esta navidad fue un tanto triste, mi hermana Cris y su familia se fueron a Canadá a vivir desde agosto y los extraño un chorrotal. Pero lo bueno es que en vacaciones, lo más probable es que vayamos (si ellos no son los que vienen de visita) y conozcamos su nuevo terruño.

Y los días se pasan cargados de nostalgia. Algia significa dolor. Dolor del pasado, dolor del recuerdo. No es un dolor fuerte, sino más bien de ése que se queda en el background. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Me sorprendió darme cuenta de cómo pasa el tiempo y cambian las costumbres. Cuando era niña y la nietiza era considerablemente menor, en casa de mis abuelos hacían intercambio de regalos, cantábamos villancicos navideños (con todo y campanitas), jugábamos una vez que se despejaba la sala y en algunas ocasiones hasta mis abuelitos le entraban a los juegos. Éramos otros. Era una época en que toda la familia cabía en dos mesas largas y una mesa de niños. La mayoría de mis tíos eran solteros y rondando los finales de la adolescencia y los veintitantos. Y mi tío sacaba la guitarra o tocaba el piano y la música navideña todo lo inundaba.

Eso fue antes de la operación de mi abuelita y del infarto de mi abuelito, ya no tienen la misma energía de antes. El tiempo pasa y la familia crece y cómo metes a 51 personas (menos 4 en Canadá :'( )en una casa para la cena navideña mientras que los pequeños se han vuelto terroristas miniatura -en mis tiempos nos traían cortitas- y cada quién se aisla en grupos donde pueda caber y platicar y convivir y entenderse, sin mucha gritadera.

Ya no quedan tiempo para los villancicos y los juegos. Ya no hay dinero para tanto intercambio, la vida es dura. Y a pesar de que hay mucho mucho amor, la navidad ha dejado de ser como en la infancia.

Pero de repente las risas, los abrazos, el verlos a todos reunidos -y apretados ahí- hace que no sea tan frío el invierno y que los recuerdos no duelan tanto. Nos renovamos.

Ahora, que en casa de Fitzo la navidad es menos complicada. Somos muchos menos, pero el calor de hogar es muy similar. Piden posada -algo alienígena para mí- y reparten confites. Hay intercambio y muchas risas. Los sobrinillos son encantadores -locos- , y a pesar que hay lugares vacíos en la mesa el legado de los ausentes está en las personas que dejaron ahí. Siguen presentes a través del amor de los que quedan.

Mis dos familias.

Quisiera tener más tiempo y la habilidad de la teletransportación, porque me faltaron también muchas personas que a pesar de no tener un parentesco directo, también son mi familia y los quiero un chorrotal. Y me hubiera gustado estar con todos ellos en estas fechas.

En fin, este año empezó. Espero que esté lleno de amor y sonrisas, para todos ustedes. Y si tienen que llorar o sufrir, que sea sufrimiento del rico, del que después rebotamos para salir más fuertes y sabios.

Que sea un año de esos, un año sin altibajos, un año tranquilo, un año pacífico, un año cómodo y feliz.